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El poder dividido: la historia de las elecciones de medio término en EE. UU.

Davie, Florida. Para entender el peculiar ritmo político de Estados Unidos hay que remontarse a un caluroso julio de 1787 en Filadelfia. Los padres fundadores, reunidos en la Convención Constitucional, enfrentaban un dilema: estados grandes querían representación proporcional, estados pequeños exigían igualdad. Roger Sherman, delegado de Connecticut, propuso una solución salomónica: un Congreso bicameral. Nació el Compromiso de Connecticut (o Gran Compromiso), aprobado por un margen de un solo voto el 16 de julio. Se creó una Cámara de Representantes basada en población y un Senado con dos senadores por estado. No fue un calco del parlamento británico, sino una síntesis original para equilibrar poder.

Desde entonces, cada dos años, ese diseño se somete a prueba en las elecciones de medio término, un referéndum de facto sobre el presidente de turno.

Cronología del descontento y la desconfianza

La sospecha ha sido una sombra constante, aunque las trampas comprobadas sean rarísimas.

· 2018 (Trump): La desconfianza se instaló. Hubo acusaciones de supresión de votantes y se ordenó repetir una elección congressional en Carolina del Norte por un esquema fraudulento con voto ausente. Los demócratas recuperaron la Cámara con una ganancia neta de 41 escaños.

· 2022 (Biden): El “negacionismo electoral” fue tema de campaña. A pesar de las acusaciones de fraude postal, los expertos coincidieron en que el fraude era insignificante. Los republicanos recuperaron la Cámara.

La rara excepción de conservar ambas cámaras

La regla no escrita es que el partido del presidente pierde escaños. Desde 1913, solo en ocho de 27 elecciones de medio término el partido presidencial ganó escaños en alguna cámara. Conservar ambas ha sido una hazaña casi única:

· 1934 (F. D. Roosevelt): En plena Gran Depresión, los demócratas ganaron escaños en ambas cámaras, un espaldarazo a su Nuevo Trato.

· 2002 (G. W. Bush): Tras el 11-S, el país se unió en torno al presidente y los republicanos ganaron en ambas cámaras.

Fuera de estas dos excepciones, el desgaste es la norma. La explicación es sencilla: las elecciones de medio término son un “voto de castigo” contra el presidente. La impopularidad se traduce en pérdida de escaños, y el partido en el poder suele pagar los platos rotos de la política económica o los escándalos.

El “pato cojo” y los últimos dos años

Cuando el partido del presidente pierde el control de una o ambas cámaras, el mandatario entra en la categoría de “pato cojo” (lame duck): sigue en el cargo, pero su poder legislativo se evapora. Si la oposición controla el Congreso, puede bloquear sus iniciativas, investigarlo con citaciones y forzar batallas presupuestarias que lleven al cierre del gobierno. El presidente queda limitado a gobernar por decreto y a usar su poder de veto. Paradójicamente, esta situación también puede facilitar la reelección: los presidentes Truman (1948), Clinton (1996) y Obama (2012) ganaron un segundo mandato después de sufrir duras derrotas en las elecciones de medio término.

Cronología de presidentes reelectos y el voto en ambas cámaras

· Eisenhower (1952, 1956): Perdió la Cámara en 1954, pero mantuvo el Senado en su primer mandato. En su segundo mandato (1958), perdió ambas cámaras.

· Reagan (1980, 1984): Perdió el Senado en 1986 (segundo mandato), pero mantuvo la Cámara.

· Clinton (1992, 1996): Perdió ambas cámaras en 1994 (primer mandato). En 1998, fue la excepción: ganó 5 escaños en la Cámara, aunque no recuperó el control.

· G. W. Bush (2000, 2004): Ganó ambas cámaras en 2002. En 2006, perdió ambas.

· Obama (2008, 2012): Perdió la Cámara en 2010. En 2014, perdió el Senado.

· Trump (2016, 2024): En su primer mandato perdió la Cámara en 2018. En su segundo mandato (2026), se enfrenta a la posibilidad de perder ambas cámaras, lo que definiría su legado final.

La historia muestra un patrón: el poder presidencial se fortalece en el primer mandato y se desgasta en el segundo, cuando el Congreso, inevitablemente, cambia de color.

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