
Julio Hazim
Sabios en la Z
Domingo 28 de junio 2026
Es un tema de debate de vanguardia global, que merece analizarse de manera llana porque es mas profundo de lo que la gente cree. No se trata de una discusión teórica académica para revisar las hipótesis y bibliografías más conocidas, esto, es un tema de amplia importancia geopolítica, política, económica con gran impacto social por su influencia en el sistema democrático.
Si vamos a la historia reciente nos encontramos que, en tiempos de guerra, el control de la información siempre ha sido un activo estratégico militar. En estos días lo hemos visto con dos narrativas distintas sobre lo que ocurre en Medio Oriente. Trump anuncia una cosa, pero Irán lo niega y dice otra cosa, porque en un conflicto la guerra informativa es tan importante como lo es la guerra en el terreno.
Durate el siglo XX la propaganda buscaba convencer al enemigo o a la población sobre una gran mentira. Ahora en el siglo XXI, la propaganda cambió drásticamente: ya no se busca que la gente crea una mentira, sino que deje de creer en la existencia de la verdad.
Ahí entramos en dos conceptos y en dos áreas que explican el momento que estamos viviendo. La ciencia política lo define como “La mediatización de política” y otro concepto denominado como “Hechos Alternativos”
El primer punto, sobre la mediatización de la política plantea que la política se adaptó a las reglas de los medios de comunicación y redes sociales.
Es fácil de entender, pensemos que tradicionalmente, la política operaba bajo sus propios tiempos y estructuras, había un proceso de negociación, debate legislativo y militancia, pero con la mediatización, la política debe adaptarse a la lógica mediática, que prioriza:
El espectáculo: La política se convierte en un evento de entretenimiento.
La brevedad: Los mensajes complejos se reducen a pocas palabras para retener la atención.
La personalización: Se enfatiza el perfil, el estilo y la vida privada del líder por encima de las propuestas programáticas de los partidos.
Esto significa que los políticos se transformaron en un producto. Antes, el político se definía por su capacidad de sostener una postura frente a las adversidades en nombre de una convicción. Por eso tuvimos grandes discursos con principios, con ideas, con desarrollo de teorías. Hoy, el político vive bajo la tiranía del algoritmo. Si una métrica indica que una postura es impopular, el político evade el tema y se ajusta al instante a las expectativas que tiene la gente. Este “ajuste” impide que el político actúe como un mediador de conflictos, como resolutor de conflictos y se convierta en un espejo de las emociones de su audiencia, renunciando a su deber de conducir a la sociedad hacia objetivos de largo plazo. Esto es el peor daño que se le esta haciendo a la democracia, a los Estados porque ya la política no piensa en el futuro.
Y les voy a decir algo; el político de hoy es un experto en la SIMULACION. Y óigalo bien, porque ya antes había alertado sobre la banalización de la política. Si la política se convierte en un espectáculo los más afectados son los ciudadanos y el sistema democrático.
El punto crucial de esto es que la mediatización de la política y el marketing no solo cambian cómo el político se vende, sino que alteran nuestra percepción de la realidad misma. Por eso, vemos y escuchamos esos discursos sobre el país que uno tiene la impresión de que están hablando de suiza y no de RD.
La política actual no solo sufre de políticos que actúan como productos; sufre de una crisis de realidad. Hemos entrado en la era de la postverdad o los “hechos alternativos”, que es un estado cultural donde los hechos objetivos han perdido su poder frente a nuestras emociones y creencias personales.
El problema de hoy no es que nos falte información, sino que nos sobra. Estamos ante una saturación deliberada de información. La gente debe saber que los algoritmos de las redes sociales funcionan como un menú personalizado: si un hecho objetivo contradice lo que un grupo cree, el sistema le sirve de inmediato una “realidad alternativa” que encaja con su ideología.
Cuando la información se diseña para cada audiencia, la sociedad se divide. Antes, podíamos debatir sobre cómo solucionar un problema, aunque tuviéramos ideas distintas sobre el camino, ahora no existe un acuerdo básico sobre qué es real, y el debate es imposible. Lo vimos con el tema e las causales en el código. Lo vemos con la posición del país frente Haití.
Esa fragmentación creada deliberadamente, tiene consecuencias graves para la democracia porque si no compartimos la misma visión frente a los temas nacionales, no podemos entendernos y eso provoca que la sociedad se divida en grupos que no solo piensan distinto, sino que viven en realidades paralelas.
No es posible que RD este dividida frente a Haití, ni que tengamos dos visiones opuestas y cada una con razones, teorías, argumentos que no tienen un punto medio para ponernos de acuerdo. Eso ha sido creado deliberadamente con esos grupos comunicacionales de la UASID.
Entiendan, que la polarización no es un accidente, es una herramienta política que mantiene a la gente ocupada peleando entre sí. Eso mismo se lo aplica a Medio Oriente a pesar de que esa zona impacta en la economía global.
Otro aspecto de este tema al que quiero referirme con detalle es, sobre lo geopolítico. Hay que dar esa perspectiva porque lo global incide en lo local.
Actualmente estamos presenciando una guerra fría por la soberanía digital. Mientras los políticos y los líderes intentan desesperadamente captar nuestra atención en las redes, las grandes potencias Estados Unidos y China compiten por un premio mucho mayor, el control de la arquitectura que moldea cómo pensamos. ¿De qué se trata esto?
El poder no se mide únicamente en misiles o PIB, sino en la capacidad de procesar datos. Las empresas tecnológicas tienen un gran poder porque el algoritmo no es neutral; está diseñado para predecir y, sobre todo, para condicionar la conducta e influir en las elecciones. Por lo tanto, quien controla el flujo de información controla los sesgos de la población. Dicho en otras palabras, “Si puedes influir en qué cree una persona automáticamente estás controlando sus decisiones políticas, sus miedos y sus lealtades”.
EE. UU. y China saben el poder de esa tecnología y saben que no es un asunto comercial. Se trata de que ambas potencias quieren que su tecnología sea adquirida por la mayor cantidad de países porque es un medio poderoso de control social.
Sin entrar en asuntos técnicos tenemos el modelo de EE. UU. una combinación de Capitalismo de vigilancia, impulsado por grandes corporaciones tecnológicas que se encargan de segmentar a los usuarios de redes sociales y todo el que tenga un teléfono móvil para vendernos productos, ideologías y candidatos, optimizando el algoritmo para que cada persona sea un consumidor predecible.
El otro modelo lo tiene China una especie de autoritarismo digital, impulsado por el Estado. Aquí, la tecnología se utiliza para la estabilización social y el control directo. El objetivo no es solo la venta, sino la homogeneización del pensamiento bajo un estándar dictado por el sistema, utilizando los datos para premiar o castigar conductas en tiempo real.
Que es lo importe saber sobre este tema, que el ciudadano común ha quedado atrapado en un juego de control. Por un lado, las empresas privadas manipulan nuestra atención para obtener beneficios; por otro, los Estados como China y a los que ellos venden su tecnología utilizan el control de la información para asegurar su estabilidad política.
¿Cuál es la amenaza? que el algoritmo decide qué vemos, qué tememos y qué creemos mientras la capacidad de formar una opinión propia se desvanece. Por lo tanto, la disputa entre Washington y Pekín es, en el fondo, una lucha por ver quién tendrá la llave maestra para programar la percepción de las futuras generaciones.
Ahora hablemos un poco de lo local, en ese escenario descrito también se traslada a la política partidaria del país. Las campañas electorales locales ya no se ganan debatiendo ideas en plazas públicas, sino hackeando la atención del votante a través de los datos que los ciudadanos regalan diariamente usando las redes sociales a las plataformas. Solo diré que para el 2028 veremos a los políticos haciendo disparates para llamar la atención, sin discutir los programas de gobierno.
A donde yo creo que a gente debe prestar atención:
Primero, hay que hacer dieta informativa para mantener la salud mental. Al igual que cuidamos lo que comemos para no enfermar el cuerpo, debemos cuidar lo que consumimos digitalmente para no enfermar la mente. El ciudadano debe aprender a identificar los contenidos diseñados específicamente para generar indignación o miedo que son lo que se construyen expresamente para ser vehículos de la postverdad o hechos alternativos.
Segundo la gente tiene que actualizarse. Es necesario la alfabetización algorítmica, el ciudadano debe entender que lo que ve en su pantalla de su teléfono no es la realidad, sino un reflejo de lo que el algoritmo sabe que lo mantendrá atrapado mirando el celular. Hay que cuestionar el origen del contenido, buscar fuentes diversas y dudar de la información que se recibe.
Tercero, hay que hablar y exigir la regulación sobre la Propiedad de los Datos de los dominicanos. Señores la República Dominicana necesita actualizar sus marcos normativos para proteger la privacidad de los datos de sus ciudadanos, impidiendo que potencias extranjeras o corporaciones privadas perfilen psicológicamente a la población dominicana con fines de manipulación política.
La República Dominicana enfrenta un escenario geopolítico complicado. Depender tecnológicamente de empresas extranjeras, aunque sean aliadas, nos hace vulnerables si no tomamos las riendas de nuestra propia autonomía digital. Hoy más que nunca, mantener a nuestra población informada y unida frente a temas críticos como el caso haitiano es un asunto de seguridad nacional. Por eso, exigir una regulación firme no es solo para proteger la privacidad de cada persona; es un escudo necesario para evitar que intereses extranjeros manipulen la opinión pública y pongan en riesgo nuestra soberanía.
Cuarto. Disminuya el uso de la IA, eso de estar dando por hecho lo que diga esa tecnología limita la capacidad de análisis. Además, lo que mas se nota es una persona que habla, pero no sabe de lo que esta hablando. Así que no haga el ridículo.
Por otro lado, ante la proximidad de procesos electorales, resulta necesario priorizar el análisis de las propuestas económicas y de los equipos de trabajo sobre el espectáculo mediático. Es fundamental ignorar la puesta en escena, la apariencia o los intentos de ser gracioso de los candidatos, hay que enfocar la atención exclusivamente en la solidez técnica de sus planes, la coherencia de sus discursos y la trayectoria de quienes los acompañan, ya que esto último revela los verdaderos intereses que sustentarán su futura gestión pública.