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Sanz Lovatón destaca la calidad como clave para elevar la competitividad y las exportaciones dominicanas

El ministro de Industria, Comercio y Mipymes reafirma el compromiso de fortalecer la infraestructura nacional de calidad mediante mayor inversión, capacitación técnica y alianzas público-privadas para que los productos y servicios dominicanos puedan competir bajo estándares internacionales.

La calidad dejó de ser un elemento exclusivamente técnico para convertirse en uno de los factores determinantes de la competitividad de las empresas dominicanas.

Así lo planteó el ministro de Industria, Comercio y Mipymes, Víctor “Ito” Bisonó, durante una actividad en la que destacó la importancia de fortalecer el sistema nacional de calidad y ampliar las capacidades de certificación de productos y servicios.

El funcionario reafirmó el compromiso del Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes (MICM) de continuar respaldando a la Organización Dominicana de Acreditación (ODAC), mediante mayores recursos presupuestarios, más personal técnico y herramientas que permitan ampliar la capacidad de certificación del país.

El objetivo es que las empresas dominicanas puedan demostrar que sus productos y servicios cumplen con estándares reconocidos internacionalmente.

Y detrás de ese proceso existe una meta mucho más amplia: aumentar la competitividad, facilitar las exportaciones y generar nuevas oportunidades de empleo.

La calidad como una herramienta económica

Cuando una empresa obtiene una certificación reconocida internacionalmente, no solamente está colocando un sello sobre su producto.

Está demostrando ante potenciales compradores que sus procesos cumplen determinados requisitos técnicos y de calidad.

Esto puede convertirse en una ventaja importante cuando una empresa intenta entrar en mercados extranjeros.

Para las compañías dominicanas, especialmente las pequeñas y medianas empresas, contar con mecanismos nacionales de certificación y acreditación puede facilitar el proceso de adaptación a las exigencias de compradores internacionales.

De ahí la importancia que el MICM atribuye al fortalecimiento de la infraestructura nacional de calidad.

Más técnicos y mayor capacidad de certificación

El planteamiento de Sanz Lovatón contempla aumentar los recursos destinados a fortalecer las capacidades técnicas de la ODAC.

La apuesta incluye más presupuesto, más técnicos, capacitación y alianzas con diferentes sectores productivos.

El propósito es ampliar la capacidad del país para acreditar organismos y procesos que permitan demostrar el cumplimiento de estándares internacionales.

La lógica es relativamente sencilla:

si República Dominicana quiere aumentar sus exportaciones, necesita que sus productos puedan demostrar su calidad ante los mercados de destino.

Y para ello no basta con producir.

También es necesario medir, verificar, certificar y acreditar.

El papel de la ODAC

La Organización Dominicana de Acreditación ocupa una posición central dentro de este sistema.

Su función está relacionada con la acreditación de organismos de evaluación de la conformidad, como laboratorios, organismos de certificación y organismos de inspección.

Esto permite generar confianza en los resultados de las evaluaciones realizadas a productos, procesos y servicios.

En términos prácticos, la acreditación ayuda a que una empresa pueda demostrar que sus procesos de evaluación cumplen con criterios técnicos reconocidos.

Para un productor dominicano que busca exportar, esa confianza puede resultar determinante.

Del “Hecho en RD” al “Hecho bajo estándares internacionales”

El desafío para la industria dominicana no consiste únicamente en aumentar la cantidad de productos fabricados localmente.

También está en elevar su calidad y capacidad para competir.

La estrategia de promoción de la producción nacional bajo la marca “Hecho en RD” puede adquirir una dimensión adicional cuando los productos dominicanos cuentan con certificaciones y procesos que puedan ser reconocidos fuera del país.

Esto es especialmente importante para sectores que buscan aprovechar tratados comerciales y acceder a mercados donde existen exigencias técnicas específicas.

Un producto puede tener potencial comercial, pero si no cumple las normas requeridas en el país de destino, difícilmente podrá competir en igualdad de condiciones.

Calidad y exportaciones

El fortalecimiento de la infraestructura de calidad está directamente relacionado con la estrategia exportadora.

Los mercados internacionales establecen requisitos cada vez más específicos en materia de seguridad, trazabilidad, sostenibilidad, eficiencia y características técnicas.

Las empresas que pueden demostrar el cumplimiento de esos requisitos tienen mayores herramientas para participar en cadenas de suministro internacionales.

Por eso, invertir en calidad también puede considerarse una inversión en comercio exterior.

La certificación puede abrir puertas que de otro modo permanecerían cerradas.

Un desafío especialmente importante para las mipymes

Las grandes empresas suelen disponer de departamentos técnicos y recursos suficientes para cumplir con procesos de certificación.

Para las micro, pequeñas y medianas empresas, el desafío puede ser mayor.

Los costos de implementar nuevos procesos, contratar personal especializado, realizar pruebas y obtener certificaciones pueden convertirse en una barrera de entrada.

Por eso, la capacitación y el acompañamiento institucional adquieren especial importancia.

Una política de calidad que incluya a las mipymes puede ayudar a que empresas de menor tamaño también puedan incorporarse a cadenas de suministro nacionales e internacionales.

Capacitación para cambiar la cultura empresarial

Otro de los elementos destacados por el ministro es la formación.

La calidad no depende únicamente de una certificación obtenida al final de un proceso.

Requiere una cultura empresarial.

Eso significa capacitar trabajadores, mejorar procesos, establecer mecanismos de control, medir resultados y corregir errores de manera permanente.

La apuesta del MICM incluye precisamente fortalecer la capacitación y las alianzas entre el sector público, las empresas y las organizaciones vinculadas al sistema de calidad.

La idea es que la calidad deje de verse como una exigencia burocrática y pase a formar parte de la estrategia empresarial.

El sector privado como aliado

El desarrollo de una cultura nacional de calidad requiere también la participación del sector privado.

Las empresas son quienes finalmente deben incorporar los estándares a sus procesos de producción y servicios.

Por eso, el modelo planteado por las autoridades busca una mayor colaboración entre Gobierno y empresas.

Organizaciones como el Consejo Nacional de la Empresa Privada (CONEP) pueden desempeñar un papel relevante en esa coordinación.

La participación empresarial permite identificar las principales dificultades que enfrentan los productores y orientar la capacitación y las políticas públicas hacia necesidades concretas.

Calidad, productividad y empleo

El argumento del MICM va más allá de las exportaciones.

Una empresa que mejora sus procesos de calidad puede reducir desperdicios, disminuir errores y elevar su productividad.

Eso puede tener efectos sobre sus costos y su capacidad para competir.

Y una empresa más competitiva puede ampliar mercados, aumentar producción y generar nuevos puestos de trabajo.

De ahí que la política de calidad pueda tener un efecto en cadena:

mejores procesos → mayor productividad → mayor competitividad → más mercados → más exportaciones → potencialmente más empleo.

El resultado final dependerá, por supuesto, de la capacidad de las empresas para convertir las certificaciones y mejoras técnicas en oportunidades comerciales concretas.

Una apuesta por la industria dominicana

República Dominicana ha ampliado durante los últimos años su actividad industrial y exportadora.

El siguiente desafío consiste en avanzar hacia productos con mayor valor agregado y mayor capacidad para competir internacionalmente.

Para ello, la calidad resulta fundamental.

No se trata únicamente de fabricar más.

Se trata de fabricar productos capaces de cumplir con las exigencias de los mercados internacionales.

En ese contexto, el fortalecimiento de la infraestructura nacional de calidad puede convertirse en una pieza importante de la política industrial dominicana.

El objetivo: competir con las mismas reglas

La visión planteada por Sanz Lovatón parte de una premisa: las empresas dominicanas necesitan herramientas que les permitan competir en igualdad de condiciones con productores de otros países.

Eso implica contar con laboratorios, organismos de inspección y certificación, técnicos capacitados y procedimientos que sean reconocidos bajo estándares internacionales.

La calidad, en ese sentido, deja de ser únicamente un asunto relacionado con la producción.

Se convierte en una cuestión de competitividad nacional.

Porque cuando una empresa dominicana puede demostrar técnicamente que cumple los estándares exigidos por un mercado extranjero, se reduce una de las barreras que enfrenta al intentar vender fuera del país.

El reto ahora es convertir la calidad en resultados

El fortalecimiento de la ODAC y del Sistema Dominicano para la Calidad representa una parte de la ecuación.

La otra corresponde a las empresas.

El desafío será lograr que cada vez más productores incorporen estándares internacionales a sus procesos, especialmente las mipymes que buscan dar el salto hacia mercados externos.

Para conseguirlo serán importantes la capacitación, el acceso a financiamiento, la asistencia técnica y la coordinación entre instituciones públicas y sector privado.

La calidad no se construye únicamente con una certificación.

Se construye desde el proceso de producción.

Una nueva dimensión para el “Hecho en RD”

El mensaje del ministro apunta, finalmente, a una idea que puede resultar estratégica para la economía dominicana:

que “Hecho en RD” no sea solamente una identificación de origen, sino también una referencia de calidad y confiabilidad.

Para alcanzar ese objetivo se necesita inversión, capacitación, tecnología, innovación y una infraestructura de calidad capaz de acompañar a las empresas.

El fortalecimiento de la ODAC forma parte de ese esfuerzo.

Y si las empresas dominicanas logran convertir esas herramientas en productos y servicios competitivos, el impacto puede trascender las certificaciones.

Puede reflejarse en más mercados, mayores exportaciones, nuevas inversiones y empleos de mayor valor agregado.

Ese es, precisamente, el desafío que plantea la política de calidad: convertir una exigencia técnica en una herramienta para que la producción dominicana pueda competir cada vez más lejos de las fronteras del país.

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