Henya y Adrián Lebrón Oviedo analizan cómo las redes sociales han transformado la comunicación, la autoridad pública y la manera en que los dominicanos consumen información.
Santo Domingo, RD. — La transformación de la comunicación en la era digital fue el eje central de una nueva conversación de “El Laboratorio Podcast”, espacio presentado por Henya, quien en esta ocasión tuvo como invitado a Adrián Lebrón Oviedo.
Durante el episodio, ambos reflexionaron sobre el impacto de las redes sociales en la sociedad contemporánea y sobre cómo el crecimiento de los algoritmos ha modificado no solo la forma de consumir información, sino también los criterios con los que las personas determinan qué contenido merece atención y quién puede ser considerado una autoridad.
Uno de los principales puntos de discusión fue precisamente el poder del algoritmo sobre la atención.

Cuando la atención se convierte en la moneda
Durante la conversación se plantea que las plataformas digitales han creado un sistema en el que captar y mantener la atención del público se ha convertido en uno de los principales objetivos de los creadores de contenido.
En este escenario, las métricas —visualizaciones, comentarios, compartidos y seguidores— pueden terminar condicionando qué contenidos se producen y cómo se presentan.
La conversación cuestiona una dinámica en la que, en determinados casos, el creador termina convirtiéndose en el propio contenido, mientras la búsqueda de relevancia y monetización desplaza otras consideraciones relacionadas con el valor social de la información.
El problema no sería únicamente la existencia de contenido superficial, sino que el sistema de incentivos puede favorecer aquello que provoca una reacción inmediata.
Y en internet, provocar indignación, controversia o curiosidad puede generar más atención que explicar un problema complejo.
¿Todos somos expertos porque tenemos una opinión?
Otro de los debates centrales del episodio gira alrededor de una diferencia fundamental: tener derecho a opinar no significa necesariamente tener autoridad sobre un determinado tema.
La libertad de expresión permite que las personas expresen sus puntos de vista. Sin embargo, los participantes cuestionan la tendencia de algunas figuras públicas y creadores de contenido a presentar opiniones personales como si fueran conocimientos especializados.
El fenómeno resulta particularmente delicado cuando se abordan asuntos como medicina, psicología, economía o ciencia.
En estos campos, sostienen, la experiencia profesional y la formación académica deberían tener un peso diferente al de una opinión basada únicamente en experiencias personales.
La conversación plantea así una pregunta relevante para la sociedad digital:
¿Cómo distinguimos entre una opinión legítima y una afirmación que requiere conocimientos especializados para ser considerada confiable?

El pensamiento crítico como primera línea de defensa
La discusión también aborda la educación y la capacidad de las personas para analizar críticamente la información que reciben.
Según lo planteado durante el episodio, una sociedad con pocas herramientas para contrastar información puede ser más vulnerable a la desinformación, la manipulación y la polarización.
El problema adquiere una dimensión especial en las redes sociales porque los usuarios reciben diariamente enormes cantidades de información, muchas veces sin contexto y presentada en formatos diseñados para generar una reacción inmediata.
En lugar de preguntarse únicamente “¿esto es verdad?”, el pensamiento crítico exige otras preguntas:
¿Quién lo dice?
¿Qué evidencia presenta?
¿Cuál es su fuente?
¿Qué intereses puede tener quien lo comunica?
¿Existen otras explicaciones o datos que contradigan esa afirmación?
La conversación plantea que desarrollar esas capacidades resulta fundamental en una sociedad donde cualquier persona puede convertirse en distribuidora de información.

La vida convertida en escaparate
Otro de los temas abordados fue el exhibicionismo social y la búsqueda de estatus que puede desarrollarse en las plataformas digitales.
Las redes permiten construir una imagen pública cuidadosamente seleccionada: viajes, vehículos, restaurantes, ropa, relaciones, negocios y experiencias pueden convertirse en elementos utilizados para proyectar determinado nivel de éxito.
El problema aparece cuando la imagen digital comienza a sustituir a la realidad.
Durante la conversación se aborda el snobismo y la necesidad de reconocimiento como fenómenos que pueden alimentar una especie de competencia permanente por demostrar estatus.
En este contexto, las redes sociales funcionan como un escaparate en el que no solamente se comparte la vida: también se construye una identidad pública.
Cuando la polémica se convierte en estrategia
Otro punto importante del episodio es la relación entre comunicación, polémica y tráfico.
Los participantes cuestionan el uso de controversias y ataques contra figuras públicas únicamente para conseguir visualizaciones.
En el ecosistema digital, una publicación polémica puede generar miles de comentarios y compartidos en cuestión de horas. Esa capacidad para producir atención puede convertirse en un incentivo para aumentar progresivamente el tono de las publicaciones.
La consecuencia puede ser una comunicación cada vez más polarizada.
En lugar de utilizar la exposición pública para discutir problemas y buscar soluciones, el debate puede transformarse en una competencia por determinar quién genera la reacción más fuerte.
Comunicar también implica responsabilidad
Frente a este escenario, la conversación plantea una concepción diferente de la comunicación.
Comunicar no debería consistir únicamente en conseguir audiencia.
También implica identificar problemas, explicarlos, generar conversación y contribuir a encontrar posibles soluciones.
Esta perspectiva coloca una responsabilidad adicional sobre periodistas, comunicadores, influencers y creadores de contenido: entender que sus publicaciones pueden tener consecuencias más allá de las métricas que aparecen en una pantalla.
La pregunta ya no sería solamente:
“¿Cuántas personas vieron esto?”
Sino también:
“¿Qué ocurrió después de que esas personas lo vieron?”
Una conversación sobre el futuro de la comunicación
El episodio de El Laboratorio Podcast plantea, en definitiva, una discusión que va mucho más allá de las redes sociales.
El algoritmo ha cambiado la relación entre información, atención, autoridad y poder.
Hoy, una persona puede alcanzar millones de usuarios sin pasar por los filtros tradicionales de los medios de comunicación. Eso democratiza la capacidad de publicar, pero también aumenta la responsabilidad de quienes producen y consumen información.
La conversación entre Henya y Adrián Lebrón Oviedo pone sobre la mesa uno de los grandes desafíos de la era digital: cómo aprovechar la democratización de la comunicación sin convertirla en un espacio dominado por la desinformación, el espectáculo y la polarización.
Porque en un mundo donde todos pueden hablar, quizás el verdadero desafío ya no sea conseguir que alguien nos escuche.
El desafío es conseguir que lo que decimos tenga sentido.
