“El delfín de la farándula y el tablero de los tres tiempos”

Por Rolando Espinal
En exclusiva para Foco Público

Saludo cordial a Foco Público, el benjamín entre los periódicos digitales de la República Dominicana —esa publicación que, con la agilidad del nativo digital y la profundidad del periodismo de investigación, ha logrado en su corta trayectoria lo que otros buscan en décadas: un espacio de credibilidad en el ecosistema informativo nacional. Que este análisis encuentre cobijo en sus páginas de estreno no es casualidad; es la confirmación de que el pensamiento estratégico y el periodismo de altura aún tienen un hogar en el debate dominicano.

La política dominicana se asemeja a una partida de ajedrez donde todos los jugadores creen tener la jugada maestra, pero ninguno ha visto el tablero completo. Análisis previos han diseccionado con precisión el pulso interno del PRM y la estrategia del PLD, mas han dejado en el tintero la pregunta que realmente define la ecuación: si el método de escogencia del candidato perremeísta, la estrategia de la Fuerza del Pueblo y el verdadero peso de la economía norteamericana constituyen los factores que reconfigurarán el escenario, ¿por qué persiste el silencio respecto del escenario que podría dejar a un partido completamente fuera del reparto? Y en esa madeja de incógnitas, irrumpe ahora una figura que, por su naturaleza híbrida entre la farándula y la militancia, añade una capa de complejidad que ningún analista había considerado: Santiago Matías, el creador del imperio Alofoke, quien ha manifestado su deseo de aspirar a la presidencia en 2028 y cuya trayectoria política fallida —primero como precandidato a diputado del PLD y luego como aspirante a senador por la provincia Santo Domingo— constituye el prólogo de una ambición que no se ha extinto .

El método de escogencia del candidato presidencial del PRM se ha convertido en el campo de batalla que nadie ha resuelto, y sin embargo, es la pieza que define el destino de la organización. El análisis del favor externo ha planteado con precisión quirúrgica la distancia abismal entre David Collado y Carolina Mejía en las encuestas: 61.8% frente a 21.1% entre los simpatizantes perremeístas, mas ha dejado una interrogante sin respuesta: ¿qué sucede si la interna se decide mediante un mecanismo cerrado donde las bases del partido, no la ciudadanía en general, son las que votan? Carolina Mejía ha concentrado sus esfuerzos en consolidar las estructuras internas del partido, y en ese terreno, el apellido Mejía y el respaldo de su padre pesan como una losa de granito. La definición del método de escogencia es, pues, el campo de batalla donde se librará la primera escaramuza, pero la pregunta que persiste en el aire es: ¿qué fuerza tendrá más peso en la decisión final, el presidente Luis Abinader o el expresidente Hipólito Mejía? La respuesta a esta incógnita determinará si el PRM llega unido a las elecciones de 2028 o si la división interna —esa que el ministro Yayo Sanz Lovatón intentó conjurar al reconocer abiertamente la posición de Collado en las encuestas y al hacer un llamado a la disciplina en torno a Abinader— se convierte en el factor que abra las compuertas a la segunda vuelta.

La segunda vuelta, ese escenario que obliga a redefinir alianzas, ha sido planteado como el momento en que el PLD se perfila como el gran ajedrecista porque ha comprendido que la victoria no reside en la primera vuelta, sino en la segunda, pero ha dejado sin responder una pregunta crucial: si el PLD se coloca como el beneficiario natural de la fragmentación, ¿qué ocurre con la Fuerza del Pueblo? La respuesta se halla en la “ecuación de tres” que los analistas comienzan a dibujar: un acuerdo PLD-PRM sería beneficioso para esos dos partidos, dejando a la FP en una posición de desventaja. La FP tiene el camino despejado: Leonel Fernández como candidato indiscutible, una base leal que reconoce en el ex presidente una figura de primer orden con discurso y experiencia. Pero la pregunta que persigue a la FP no es si tiene líder, sino si tiene maquinaria, si los trabajadores de base pueden convertir la simpatía dispersa en votos contados. El PLD, en cambio, juega su carta más astuta: romper la polarización entre el PRM y la FP y forzar un escenario donde ninguna fuerza logre el 50% más uno de los votos requeridos para ganar en la primera vuelta. Ese escenario de balotaje —que no ocurre desde 1996— podría desenterrar una historia que los peledeístas conocen bien: el PLD, ocupando la tercera posición, puede alzarse con el poder mediante una alianza estratégica. Si la FP y el PLD no logran un acuerdo sincero que permita la cohesión opositora, la FP pagaría el precio de la división, mientras que el PLD podría terminar respaldando al PRM antes que a la FP.

Y en medio de este tablero de grandes piezas, la trayectoria de Santiago Matías adquiere una relevancia que trasciende la anécdota farandulera. Su incursión en la política comenzó con un anuncio de precandidatura a diputado por el PLD, que días después retiró . La reacción de la ciudadanía en las redes sociales fue inmediata y despiadada: un usuario escribió: “Váyase caballero, usted no representa ni el 1% de nosotros, el dinero no otorga conocimiento”; otro, con igual contundencia: “Mañana los planetas estallarán por la triste noticia que alofoke renuncia a la candidatura a diputado; si él supiera que le hace un gran favor al país” . Esta reacción popular revela un fenómeno profundo: el electorado, especialmente el joven, no está dispuesto a confundir el entretenimiento con la política, y exige a sus representantes una preparación y una coherencia que la mera popularidad digital no garantiza. Poco después, Matías anunció sus aspiraciones a senador por la provincia Santo Domingo, con banderas como el servicio militar obligatorio y la educación sexual, y renunció al PLD para convertirse en “agente libre” . Su salida del partido y su posterior regreso a la escena política, ahora con miras a la presidencia en 2028, dibujan un arco narrativo que merece ser examinado con detenimiento.

La salida de Matías del PLD y su fracaso inicial como precandidato no son un simple capítulo en la crónica de la farándula política dominicana; son un síntoma de una tensión más profunda que atraviesa el sistema: la tensión entre el tiempo de la popularidad inmediata y el tiempo de la construcción política paciente. Los partidos tradicionales han operado durante décadas bajo la lógica de Crono, el dios que devora a sus hijos, donde el tiempo se mide en ciclos electorales, en encuestas que suben y bajan, en plazos que se acortan. La irrupción de Matías, con su capital de audiencia —más de 8.95 millones de suscriptores en YouTube— parecía anunciar una nueva era, la del Kairos digital, el momento oportuno para que un líder surgido de las redes pudiera reconfigurar la política . Pero su retiro prematuro de la contienda a diputado demostró que el Kairos no se compra con likes, sino que se construye con estructura, con militancia, con el sudor de las bases. La popularidad de Alofoke, esa que lo convirtió en un referente para los jóvenes urbanos, resultó ser una moneda que se devalúa en el momento en que se enfrenta a la máquina electoral, porque la máquina electoral no se mueve con comentarios ni compartidos, sino con votos que requieren organización, presencia territorial y, sobre todo, credibilidad. La lección que deja el paso de Matías por la precandidatura es que el delfín de la farándula, por más que nade en las aguas de la notoriedad, no puede sobrevivir en el océano de la política sin el armazón de un partido que lo respalde y de un proyecto que trascienda la anécdota.

La economía y el “patio trasero” se erigen como el árbitro silencioso que definirá la contienda, y aunque análisis previos han mencionado el factor económico como determinante, ninguno ha profundizado en cómo el voto dominicano es, en el fondo, un voto económico, porque la gente vota con la cartera, con la memoria de los precios, con la ansiedad del desempleo. El planteamiento del disparo de salida para el 2028 que no vendrá de Santo Domingo, sino de las elecciones de medio término en Estados Unidos en noviembre de 2026, ha quedado sin respuesta en cuanto a cómo esa influencia se traduce en votos, pero la respuesta es que la región entera, y la República Dominicana como su espejo, depende de la salud del gigante del norte. Hay otro factor económico que los análisis no han abordado: el sector empresarial y su peso en la continuidad del cambio, porque el ministro Yayo Sanz Lovatón, encargado de levantar los recursos financieros del importante sector empresarial, ha alineado a ese sector detrás de la candidatura de David Collado, incluso antes de que la interna se resuelva. En ese cálculo, la duda se disipa cuando el propio encargado de gestionar esas relaciones señala el camino: Collado es la opción que garantiza la continuidad. La pregunta que queda en el aire es: si el PRM logra mantener la unidad en torno a un candidato que garantice la continuidad de las políticas económicas, ¿puede la oposición —fragmentada entre FP y PLD— ofrecer una alternativa creíble? La respuesta dependerá de si el PLD logra capitalizar su estrategia de espera y si la FP consolida su estructura para competir en un escenario de segunda vuelta.

El factor Gonzalo Castillo se perfila como el comodín del PLD que podría reconfigurar el escenario, porque el análisis del tiempo estratégico mencionó la consulta interna del PLD de octubre de 2026 y el riesgo de que se convierta en otra víctima de Crono, devorando a sus propios hijos en una disputa de nombres, pero no profundizó en quién es el favorito para esa candidatura. El “no ha lugar” otorgado a Gonzalo Castillo, que lo exime de presentarse al juicio de fondo del caso Calamar, ha puesto sobre el tapete un eventual cambio en el escenario político con miras al 2028. La jueza Altagracia Ramírez del Cuarto Juzgado de la Instrucción del Distrito Nacional dictó auto de no ha lugar a favor de Castillo y de José Ramón Peralta al considerar que el Ministerio Público no aportó pruebas suficientes que los vincularan con los hechos que les fueron atribuidos en el denominado caso Calamar. Castillo es el favorito del presidente del PLD, Danilo Medina, y el resto de los aspirantes presidenciales queda condicionado por la influencia que todavía conserva el exmandatario dentro de la organización. La restitución de la visa por la embajada norteamericana fue un espaldarazo, y con el no ha lugar, su imagen política, electoral y personal recibe un tratamiento que va a repercutir en los peledeístas, que lo ven con muy buenos ojos. El Ministerio Público anunció que apelará la decisión, pero abogados consultados en el Palacio de Justicia consideran poco probable que el recurso logre modificar sustancialmente el fallo, pues en esta etapa no se puede incorporar ningún tipo de evidencia. Organizaciones como Participación Ciudadana han advertido que la figura del “no ha lugar” se ha convertido en un punto crítico en la lucha contra la corrupción, pues deja fuera a actores políticos de alto perfil mientras otros sí son enviados a juicio de fondo. La pregunta que ha quedado sin respuesta es: si Castillo resulta ser el candidato del PLD, ¿puede reeditar la fórmula presidencial con Margarita Cedeño que en 2020 logró el 37%? Ese binomio podría tener repercusiones negativas sobre la FP, que en los últimos seis años se ha nutrido de la disidencia peledeísta, pero también podría lacerar al PRM, que enfrenta el hartazgo natural del poder y casos de corrupción que estarían finalizados antes de 2028.

La ambición presidencial de Santiago Matías, anunciada para 2028, añade una dimensión inesperada a este tablero. El creador de Alofoke ha demostrado una capacidad de reinvención y una persistencia que no deben subestimarse, aunque su trayectoria política haya estado marcada por el fracaso inicial. Su popularidad, construida desde el barrio de Capotillo hasta convertirse en un imperio mediático con presencia en radio, prensa digital y plataformas de streaming , es un activo que ningún otro aspirante posee. Pero la política dominicana, por más que intente modernizarse, sigue anclada a estructuras que la popularidad digital no puede reemplazar. Matías, al renunciar al PLD y luego al intentar regresar como precandidato a diputado, dejó al descubierto que el poder mediático no es poder político, que la audiencia no es militancia, y que la juventud que lo sigue en sus redes no necesariamente lo respalda en las urnas. Esa lección, dolorosa para quien la aprendió en carne propia, es, sin embargo, una enseñanza valiosa para todos los aspirantes que creen que el camino al poder se allana con seguidores y no con trabajo territorial.

El Crono electoral se acerca, el Kairos de la decisión está en la mesa, y los actores, como en la tragedia griega, saben que el tiempo no espera a nadie. La pregunta que persiste, la que todo lector avezado se formula al observar el panorama del 2026 con la mira en febrero y mayo del 2028, es si los partidos habrán aprendido la lección de la historia o si, como Crono, devorarán a sus propios hijos en el afán de preservar el poder. La verdadera prueba no está en las encuestas ni en los discursos, sino en la capacidad de cada organización para mirarse al espejo y reconocer que la división no es un accidente del camino, sino una elección que se hace conscientemente cuando se antepone el interés personal al colectivo. Y en esa encrucijada, el electorado observa, espera y, finalmente, decide.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *