Henya Group con retrato de Henya

El relevo generacional en la prensa escrita: la antorcha que no se apaga

Por: Rolando Espinal en exclusiva para Foco Público

Había una vez un hombre llamado Santiago, un pescador viejo que llevaba ochenta y cuatro días sin atrapar un solo pez. Los demás pescadores se burlaban de él, los jóvenes lo miraban con lástima y hasta su propio ayudante, un muchacho que lo quería como a un padre, tuvo que dejarlo para irse con otros que tenían mejor suerte. Pero Santiago no se rindió. Cada mañana salía al mar con su barca, con sus manos cansadas y su corazón lleno de fe, porque sabía que en algún lugar del océano había un pez enorme esperando por él. Y un día, en la inmensidad del mar, su anzuelo encontró al gran pez. Luchó con él durante tres días, solo, sin ayuda, con las cuerdas cortándole las manos y el sol quemándole la espalda, pero no soltó. Cuando finalmente lo atrapó, el pez era tan grande que parecía un barco, y Santiago, aunque viejo y cansado, sintió que había recuperado su dignidad. Los tiburones se comieron su presa en el camino de regreso, y cuando llegó al puerto, solo quedaba el esqueleto del pez, pero los pescadores que antes se burlaban de él guardaron silencio, porque habían visto el hueso más grande que jamás habían contemplado. Ernest Hemingway lo contó en El viejo y el mar, y esa historia, querido lector, es la mejor manera de entender lo que está ocurriendo ahora en el periódico Hoy, porque Bienvenido Álvarez Vega, nuestro viejo pescador del periodismo, ha atrapado su gran pez y ahora, después de más de cincuenta años de lucha en el mar de la información, decide entregar la caña a otro pescador más joven, para que siga navegando las mismas aguas pero con nuevas herramientas y nuevas esperanzas.

No se asuste si no sabe de periodismo, porque esto no es un asunto de técnicos ni de expertos, sino de personas que como usted y como yo necesitan saber qué pasa en su país, quién miente y quién dice la verdad, quién roba y quién sirve, quién construye y quién destruye. Eso hace un periódico: le cuenta la historia de su país cada día, con palabras que usted puede entender y con hechos que usted puede verificar. Y el periódico Hoy ha sido durante muchos años uno de los mejores contadores de historias de la República Dominicana, porque ha tenido al frente a un hombre que no buscaba aplausos ni fama, que no salía en la televisión ni posaba para las fotos, que prefería estar en su oficina de la avenida San Martín corrigiendo palabras y revisando datos antes que aparecer en las portadas que él mismo dirigía. Ese hombre es Bienvenido Álvarez Vega, un periodista nacido en La Romana en 1950, que empezó desde abajo, como reportero, y fue subiendo poco a poco, peldaño por peldaño, hasta convertirse en director del periódico, pero sin dejar nunca de ser periodista, sin olvidar nunca que su trabajo era servir al país y no al poder, a la verdad y no al dinero. Su historia es la historia de un hombre que encontró en la fe metodista la fuerza para ser recto, en la lectura la sabiduría para ser justo y en el periodismo la vocación para ser útil.

Bienvenido Álvarez Vega no fue solo director del periódico Hoy. También fue el fundador de El Siglo, que fue el primer periódico digital de la República Dominicana, un visionario que entendió que el futuro de la comunicación pasaba por las pantallas, pero que nunca sacrificó la calidad por la velocidad ni la verdad por el click. En el periódico Hoy hizo de todo: fue reportero de calle, jefe de investigación, jefe de redacción, subdirector, director ejecutivo y finalmente director. No llegó a la cima por amiguismo ni por privilegios, sino por trabajo duro, por saber más que nadie, por tener una ética que no se doblaba y una pluma que no se vendía. Cuando investigaba narcotráfico, destapó redes que los poderosos querían ocultar; cuando investigaba corrupción, puso nombres y apellidos que otros temían pronunciar; cuando habló de la Sentencia 168-13, que dejó a miles de dominicanos sin ciudadanía, la llamó “una herejía jurídica” y no le tembló la voz. Sus editoriales no eran gritos ni insultos, eran razones, argumentos, reflexiones que invitaban a pensar y no a odiar, a construir y no a destruir. Y todo eso lo hizo desde el silencio, desde la timidez, desde la modestia, porque no era un hombre de cámaras sino un hombre de palabras, y sabía que las palabras bien dichas valen más que mil imágenes mal iluminadas.

Y ahora, después de tantos años, Bienvenido Álvarez Vega se jubila. No se va porque esté cansado, sino porque llegó el momento, como llega el momento de todo, y porque el periódico necesita que otro tome la caña y siga pescando en el mar de la información. Ese otro se llama Rolando Guzmán, un economista que fue rector del INTEC, el Instituto Tecnológico de Santo Domingo, un hombre de pensamiento profundo y acción serena que ha dedicado su vida a estudiar el desarrollo del país, a asesorar a organismos internacionales, a escribir libros y a formar profesionales. Guzmán no es periodista, pero eso no es un problema, porque el periódico Hoy no necesita un periodista que escriba notas, necesita un director que tenga visión, que sepa hacia dónde va el mundo, que entienda que el periodismo del siglo XXI no puede ser el mismo del siglo pasado, que la gente ya no lee como antes, que la información llega por el teléfono y no por el papel, y que los retos son enormes pero también las oportunidades. Guzmán tiene la inteligencia y la experiencia para enfrentar esos retos, y tiene además el respaldo de la familia Corripio, que es la dueña del periódico, una familia que ha demostrado a lo largo de los años que cree en la prensa libre y en la independencia editorial, que no presiona ni censura, que confía en sus directores y les da el espacio para hacer bien su trabajo.

Pero aquí viene la parte que le interesa a usted, que no es periodista pero que vive en este mundo de redes sociales, de influencers, de videos virales y de noticias que duran lo que dura un suspiro. ¿Qué lección puede sacar de todo esto para su vida, para su trabajo, para esa cuenta que tiene en Instagram o en TikTok, para la manera en que usted se comunica con los demás? La lección es que la influencia no se mide por el número de seguidores, sino por la calidad de lo que usted dice, por la verdad que usted defiende, por el respeto que usted muestra hacia los demás. Usted puede tener diez mil seguidores o puede tener diez, pero si lo que dice es honesto, si lo que comparte es verificado, si lo que defiende es justo, entonces usted es más influencer que muchos que tienen millones y solo siembran odio y confusión. Don Bienvenido no tuvo que salir en la televisión para ser respetado; no tuvo que hacer bailecitos ni videos graciosos para ser creído; no tuvo que gritar ni insultar para ser escuchado. Su autoridad vino de su coherencia, de su honestidad, de su capacidad de escuchar antes de hablar, de pensar antes de publicar, de verificar antes de difundir. Y esa es la lección más grande que los influencers del siglo XXI deberían aprender: que la verdad no necesita gritar para ser escuchada, que la humildad no es debilidad sino fortaleza, que la palabra bien usada es más poderosa que el ruido más estridente.

Y hay otra lección, quizás más importante aún, que viene de la fe. Don Bienvenido es cristiano metodista practicante, y esa fe no fue un adorno en su vida sino un cimiento. Fue en la iglesia donde aprendió a respetar a los demás, a escuchar al que piensa diferente, a tratar a todos con dignidad. Don Pepín Corripio, el dueño del periódico, también es cristiano practicante, y ambos, junto con quien escribe estas líneas, Rolando Espinal, compartimos la convicción de que la fe no es para separar sino para unir, no para juzgar sino para servir, no para imponer sino para incluir. Don Pepín nos enseñó que la humildad es la mejor escuela, que escuchar a todos es la mejor manera de aprender, y que la inclusión no significa permitir que se dañe al país, sino darle oportunidad a todos menos a los que solo buscan su propio beneficio. Esa mezcla de fe y de servicio es lo que hizo grande a Don Bienvenido, y es lo que debería inspirar a todos los que hoy tienen una plataforma para hablar, un micrófono para opinar, un teclado para escribir.

El relevo en el periódico Hoy no es un adiós, es un hasta luego, una transición que no rompe el camino sino que lo continúa, como el relevo en una carrera donde el testigo no se cae sino que se pasa de mano en mano con cuidado y con respeto. Rolando Guzmán llega con la inteligencia del académico, la experiencia del consultor internacional y la visión del estratega, pero también con el compromiso de seguir defendiendo los mejores intereses del país, de mantener la línea editorial sobria que Don Bienvenido cultivó, de no venderse al poder ni al dinero, de ser un faro en medio de la tormenta de la desinformación. Y el periódico Hoy, bajo su dirección, tiene la oportunidad de demostrar que la prensa escrita no es un dinosaurio en extinción sino un ave que puede volar más alto si sabe adaptarse, si sabe usar las nuevas herramientas sin perder la esencia, si sabe conectar con los jóvenes sin despreciar a los viejos, si sabe contar historias que importan sin dejar de ser riguroso y veraz.

Porque al final, como la historia de Santiago el pescador, el periodismo no es una cuestión de éxito inmediato sino de dignidad, de lucha, de fe en que la verdad existe y merece ser contada. Santiago perdió el pez en el camino, pero demostró que era el mejor pescador; Don Bienvenido deja la dirección del periódico, pero demuestra que el periodismo bien hecho es posible, que la honestidad no es un lujo sino una necesidad, que la palabra honrada es la moneda más preciada del reino de los hombres. Y esa es la gran lección para todos nosotros, para los influencers, para los periodistas, para los ciudadanos: que la verdad, aunque incomode, siempre encuentra su camino, que la humildad, aunque parezca pequeña, siempre termina siendo grande, que el servicio a los demás, aunque no se vea, siempre deja una huella imborrable. Así que cuando usted vea el periódico Hoy en el quiosco, o cuando lea una noticia en sus redes sociales, recuerde que detrás de esas palabras hay personas que han luchado por decir la verdad, que han trabajado con honestidad y con fe, y que el relevo que hoy ocurre no es el fin de una era sino el comienzo de otra, igual de luminosa, igual de comprometida, igual de necesaria. Y recuerde también que usted, desde su lugar, desde su cuenta, desde su voz, puede ser también un pescador de la verdad, si elige la honestidad sobre la popularidad, la coherencia sobre el click, la verdad sobre el ruido. Porque el periodismo, al final, no es cosa de periodistas, es cosa de todos los que queremos un país mejor, un mundo más justo, una vida más digna. Y mientras haya personas dispuestas a luchar por eso, la antorcha nunca se apagará.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *