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Final del DR-CAFTA: dolor de cabeza para el gobierno y de barriga para el pueblo.

La protección al arroz dominicano por la finalización del DR-CAFTA, es un dolor de cabeza que se le suma al gobierno, y sobre todo a los sectores más humildes; los tantos cientos de miles de dominicanos que tienen viajes atrasados a la cocina, porque un aumento del precio del arroz le pondrá más difícil comer tres veces al día.

Henry Osvaldo Tejeda Báez.

Para Focopúblico

El final de la protección al arroz dominicano, representa uno de los mayores desafíos para la producción arrocera dominicana. Durante años, los agricultores nacionales han contado con ciertas medidas de resguardo para competir frente a las importaciones. Ahora, al acercarse la apertura total del mercado, cunda la preocupación de que el arroz extranjero, respaldado por subsidios y grandes volúmenes de producción, pueda entrar a precios con los que nuestros cosecheros tendrían dificultades para competir. Y cuando un productor no puede vender lo suyo, el grito no lo pega solamente el agricultor; el grito lo da también la familia que depende de esa cosecha para poner el plato sobre la mesa.

El Gobierno dominicano debe asumir su papel e ir en defensa del sector agrícola nacional. Por si no lo sabían, el arroz puede tumbar un gobierno. Entonces, ahora corresponde buscar fórmulas que permitan a nuestros productores ser más eficientes y a menores costos. Modernizar los sistemas de riego, el acceso a tecnologías más avanzadas y, sobre todo, el financiamiento, que es fundamental para que el agricultor dominicano no tenga que salir al mercado con una mano delante y otra detrás. Repito: el arroz puede tumbar un gobierno, y más aún, cuando a una escasez que aumente los precios se le suma la ya precaria situación de los sectores más pobres del país. Asimismo, resulta indispensable fortalecer la asistencia técnica y la investigación agrícola. Nuestros productores necesitan capacitación, innovación y acompañamiento para enfrentar una competencia cada vez más exigente. Si la producción nacional se debilita, no solo sufrirán quienes viven del cultivo del arroz. También podría verse afectada la seguridad alimentaria del país y, en última instancia, el bolsillo del consumidor. Porque cuando la comida se pone escasa o más cara, ese aumento termina sumándose a la falta de cuchara del infeliz, que siempre es el primero en recibir el golpe.

La defensa del arroz dominicano no debe entenderse únicamente como un asunto económico. Se trata también de proteger comunidades enteras que han construido su vida alrededor de este cultivo. El verdadero reto consiste en preparar al sector para competir con éxito, evitando que la apertura comercial termine convirtiéndose en una sentencia para quienes producen. Si dejamos caer a nuestros agricultores, después no valdrá llorar sobre la leche derramada ni lamentar que se nos fue el caballo cuando ya la puerta de la finca quedó abierta.

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