
Por Rolando Espinal, en exclusiva para Foco Público.
Sí. Y no solo puede partirlo: ya está ocurriendo. Al día de hoy, la disputa interna entre David Collado y Carolina Mejía refleja una tendencia que se pone al rojo vivo. Cuando uno sopesa y piensa que un genio de la carpintería política como el presidente Danilo Medina ha visto cómo la Junta Central Electoral rectificó y dejó sin efecto la prohibición de publicar encuestas, entiende que el horno no está para galletitas. Luis Abinader debe ver con la luz alta. Si las elecciones internas de octubre de 2027 no son limpias y transparentes, el que pierda se va. La polarización es obvia un año antes: David o Carolina.
El primero tiene una estrategia de no decir que buscará la candidatura, pero desde el Ministerio de Turismo llena las redes sociales con su presencia, lo que arroja una popularidad inducida que puede llevar a la gente a creer que popularidad es sinónimo de triunfo. Las encuestas lo confirman: Gallup RD le otorga un 61.8% de preferencia entre simpatizantes perremeístas, frente al 21.1% de Carolina Mejía. Otros sondeos lo sitúan en 54.8% frente al 20.7% de la alcaldesa. Pero como bien advierte un análisis, “una opinión en una encuesta no es un voto; su gran reto es convertir esa popularidad en maquinaria partidaria y en votos”.
Hay varios ejemplos que aconsejan prudencia. Jacobo Majluta era indiscutiblemente el favorito en 1986 y perdió. En los 90, el ingeniero Eduardo Estrella aparecía con alta popularidad, se lo creyó, y su equipo caminó por el desvío del triunfalismo; en 2004, con un 28% de simpatía partidaria, terminó obteniendo apenas un 8% de los votos. Margarita Cedeño, del 2004 al 2012, gozaba de una popularidad en crecimiento y sin techo que la colocaba como figura principal de la política dominicana, y sin embargo su candidatura presidencial de 2011 terminó en declive antes de la convención. La popularidad mediática no sustituye el trabajo con las bases.
David Collado no tiene nada seguro en las urnas internas, pues no hace trabajo de campo con las bases. Dice que desea respetar la ley electoral, pero todos los demás están 24/7 buscando la nominación. Carolina Mejía ya ha declarado públicamente: “Seré candidata presidencial del PRM y en 2028 seré la presidenta de nuestro país”. Y no está sola: ha sumado el respaldo del presidente del Senado, Ricardo de los Santos, del exministro Jesús “Chu” Vásquez, y de dirigentes como Manuel Jiménez y Eligio Jáquez. La maquinaria de Carolina se aglutina más y está en la calle.
Si los teóricos del PRM imponen a Collado, Danilo Medina estaría feliz de ceder su casilla como candidato de la oposición a un tercero que aglutine el voto anti-PRM. Pero si la moneda se gira y, contra todo pronóstico, David Collado pierde las internas del PRM frente a la maquinaria de Carolina Mejía, el escenario cambia por completo. Collado, vía su gran amistad con Omar Fernández —quien repite como senador, no como aspirante presidencial—, podría aceptar la vicepresidencia de una boleta encabezada por el tres veces presidente Leonel Fernández, con la Fuerza del Pueblo y todos los partidos pequeños aliados. No es descabellado: una boleta así aglutinaría el voto anti-PRM y pondría en jaque la continuidad del oficialismo.
Lograr unidad sin división no parece fácil. El plan B de Carolina si la engañan está más que claro, pues Danilo es débil con Hipólito Mejía. En el año 2000, Hipólito no logró el 50% más 1, y Medina aceptó el acuerdo para evitar una segunda vuelta. Ese precedente pesa. Nunca antes la enfermedad de la división estuvo más clara. Si Luis Abinader e Hipólito Mejía antes de octubre de 2027 no definen que quien quede en primero va de presidente y el segundo de vicepresidente, y si no se saca a todos los que aspiran del tren gubernamental ayer para que todo sea más justo, el PRM estará cavando su propia tumba.
De lo contrario, será tiempo para la próxima presidenta de la República Dominicana, y una vez más el PLD y el genio de la carpintería política, Danilo Medina, se saldrían con la suya. Luis se quedaría con Juan Garrigo en el PRM sin posibilidades de mantener el poder, más súmele la crisis económica que parece seguirá ardiendo. Don Luis, póngase a pensar en largo plazo y aleje la división del partido de su padre. Porque la historia dominicana enseña que los partidos no se pierden en las urnas: se pierden en las primarias.
Por Rolando Espinal, en exclusiva para Foco Público.
