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RUSIA VUELVE A GOLPEAR KYIV: 142 DRONES EN UNA NUEVA OLEADA Y UCRANIA RESPONDE CON ATAQUES MASIVOS

La guerra aérea entre Rusia y Ucrania entra en una nueva fase de intensidad: Kyiv fue atacada nuevamente con decenas de drones, mientras Moscú asegura haber interceptado casi 400 aparatos ucranianos. La infraestructura energética, los edificios residenciales y ahora incluso los centros de datos están quedando atrapados en una guerra cada vez más industrializada.

La madrugada del 8 de octubre volvió a demostrar que la guerra de Ucrania está lejos de reducir su intensidad.

Rusia lanzó 142 drones de ataque contra territorio ucraniano durante la noche, incluidos 82 aparatos propulsados por motores a reacción, según informó la Fuerza Aérea de Ucrania. Las autoridades ucranianas afirmaron que sus defensas aéreas derribaron o neutralizaron 126 de esos drones.

Pero para Kyiv, incluso una tasa elevada de interceptación no significa que la ciudad esté a salvo.

Los ataques alcanzaron distintos puntos de la capital y su área metropolitana. En Kyiv se reportaron muertos y heridos, incendios en edificios residenciales y daños en infraestructura. Las interrupciones eléctricas también afectaron el funcionamiento de parte de la red de agua, debido a la pérdida de presión provocada por los problemas en el suministro eléctrico.

Y mientras los equipos de emergencia todavía trabajaban sobre los daños de la noche anterior, nuevos drones volvieron a aparecer sobre la capital.

KYIV NO TUVO UNA SOLA NOCHE DE ATAQUES

La dimensión de la ofensiva se entiende mejor al observar lo ocurrido durante las últimas horas.

El 7 de octubre, Rusia había lanzado una operación todavía mayor contra distintas regiones ucranianas, utilizando misiles y drones. Reuters informó que el ataque dejó al menos 32 muertos y más de 100 heridos, mientras que la localidad de Pryluky, en la región de Chernígov, sufrió uno de los golpes más graves: un misil destruyó un edificio residencial y causó decenas de víctimas.

En Kyiv también hubo víctimas.

Y la ofensiva no terminó cuando pasó la primera oleada.

Durante la noche y la mañana siguiente continuaron los ataques con drones sobre la capital, obligando nuevamente a los residentes a refugiarse y poniendo a prueba una defensa aérea que Ucrania necesita mantener operativa prácticamente de manera permanente.

La situación también se extendió al este del país.

En Kramatorsk, una bomba rusa impactó en una zona donde circulaban autobuses y dejó al menos 33 muertos y 18 heridos, según autoridades ucranianas citadas por Reuters. Rusia no había ofrecido inmediatamente una explicación sobre ese ataque.

Esto demuestra que la ofensiva no está concentrada exclusivamente en Kyiv.

Se trata de una campaña que combina diferentes tipos de armas y objetivos a lo largo de Ucrania.

142 DRONES: EL CAMBIO EN LA GUERRA AÉREA

Aquí aparece uno de los elementos más importantes de esta nueva etapa.

Los drones se han convertido en una de las armas centrales de la guerra.

Son relativamente baratos comparados con muchos misiles convencionales y pueden producirse en grandes cantidades. Eso permite utilizarlos para saturar las defensas aéreas, obligando al adversario a gastar interceptores y mantener sistemas de radar y defensa activos durante períodos prolongados.

Rusia ha incrementado especialmente el uso de drones de mayor velocidad.

Reuters informó que durante las primeras tres semanas de septiembre Rusia lanzó aproximadamente 2.100 drones de este tipo y 136 misiles contra Ucrania, según datos citados por autoridades ucranianas.

La lógica es sencilla pero brutal:

si una defensa tiene que enfrentarse a cientos de objetivos cada noche, incluso una defensa eficaz puede verse sometida a una presión enorme.

Y ahí aparece uno de los problemas fundamentales de Ucrania: los interceptores no son infinitos.

LA DEFENSA AÉREA SE HA CONVERTIDO EN UN RECURSO ESTRATÉGICO

Ucrania necesita derribar drones, pero también debe reservar sus sistemas más sofisticados para amenazas todavía más peligrosas.

Los misiles balísticos representan uno de los principales desafíos.

Los sistemas Patriot suministrados por Occidente son especialmente importantes para enfrentar determinados tipos de amenazas de alta velocidad, pero su disponibilidad es limitada. Reuters señaló que las existencias internacionales de estos interceptores están sometidas a presión por la guerra de Ucrania y otros conflictos.

Esto genera una ecuación complicada.

Un dron relativamente barato puede obligar a Ucrania a utilizar recursos de defensa aérea mucho más costosos.

Por eso la carrera tecnológica está cambiando.

Europa está intentando desarrollar sistemas capaces de detectar, identificar y destruir drones de manera más rápida y económica.

Una empresa neerlandesa, por ejemplo, está desarrollando sistemas de inteligencia artificial que integran radares, sensores, cámaras y drones interceptores para reducir el tiempo entre la detección de una amenaza y su neutralización.

La guerra, en otras palabras, está produciendo una nueva carrera armamentística:

drones contra drones, sensores contra drones e inteligencia artificial contra enjambres de drones.

MOSCÚ TAMBIÉN ASEGURA HABER RECIBIDO UNA LLUVIA DE DRONES

Pero la historia no termina en Kyiv.

Rusia asegura que Ucrania también lanzó una enorme ofensiva aérea durante la misma noche.

El Ministerio de Defensa ruso afirmó haber interceptado y destruido 399 drones ucranianos entre la noche del 7 de octubre y la mañana del 8 de octubre.

Según Moscú, los drones fueron detectados sobre numerosas regiones rusas, además de Crimea y el mar Negro. La afirmación procede exclusivamente de las autoridades rusas y no ha podido ser verificada de manera independiente en su totalidad.

Eso es importante porque muestra que la guerra de drones ya no funciona únicamente como una campaña rusa contra Ucrania.

Ucrania también está llevando cada vez más profundamente la guerra hacia territorio ruso.

Y sus objetivos están cambiando.

DE LAS REFINERÍAS A LOS CENTROS DE DATOS

Uno de los ejemplos más llamativos ocurrió este 8 de octubre.

Drones alcanzaron un centro de datos de Yandex, una de las principales empresas tecnológicas de Rusia, en Sasovo.

El ataque provocó un incendio y obligó a suspender temporalmente operaciones en las instalaciones. Yandex confirmó el incidente, aunque indicó que sus principales servicios para consumidores no habían quedado afectados.

El centro alberga decenas de miles de servidores y está relacionado con la infraestructura utilizada para servicios de computación en la nube y sistemas de inteligencia artificial.

Esto representa una evolución significativa.

Durante la guerra, Ucrania ya había atacado instalaciones petroleras, refinerías y otros objetivos vinculados a la economía rusa.

Ahora los ataques alcanzan también infraestructura digital.

La guerra está pasando del combustible y las fábricas a los datos.

Y eso abre un nuevo frente.

UNA GUERRA INDUSTRIAL DE DRONES

La expresión “guerra de drones” puede sonar como una descripción tecnológica.

Pero detrás hay una transformación mucho más profunda.

Rusia y Ucrania están intentando producir drones en cantidades cada vez mayores, mejorar sus sistemas de navegación, aumentar su velocidad, reducir sus costos y hacerlos capaces de operar incluso cuando el adversario dispone de sistemas avanzados de interferencia electrónica.

La cuestión ya no es únicamente quién tiene el misil más poderoso.

Ahora importa quién puede producir más drones, más rápido y a menor precio, y quién puede desarrollar mejores sistemas para derribarlos.

Es una guerra industrial.

Y esa transformación está obligando también a Europa a modificar su industria de defensa.

Alemania anunció recientemente nuevos recursos para Ucrania, incluidos fondos destinados a defensa aérea, drones y reparación de infraestructura energética.

La Unión Europea, además, está preparando nuevas sanciones contra sectores de la industria militar rusa, incluyendo fabricantes relacionados con misiles y drones.

EL PROBLEMA DEL INVIERNO

Y existe otro factor que convierte estos ataques en algo especialmente importante.

El invierno.

Ucrania depende de una red energética que ha sido atacada repetidamente durante la guerra.

Si Rusia consigue deteriorar suficiente infraestructura eléctrica antes de los meses más fríos, el impacto no será solamente militar.

Afectará viviendas, hospitales, transporte, calefacción, industria y servicios básicos.

Los ataques recientes contra infraestructura energética vuelven a poner ese riesgo en primer plano.

Por eso Kyiv necesita defender simultáneamente sus ciudades, sus centrales eléctricas, sus instalaciones militares, sus centros industriales y sus redes de comunicaciones.

Y cada una de esas instalaciones requiere recursos.

EL MAR NEGRO TAMBIÉN SE ESTÁ CONVIRTIENDO EN UN PROBLEMA

Mientras los ataques aéreos aumentan, también crece la tensión alrededor del mar Negro.

El ministro de Exteriores de Turquía, Hakan Fidan, advirtió el 8 de octubre que Rusia y Ucrania están intensificando sus ataques en esa zona antes del invierno y señaló que las operaciones están aumentando los riesgos para la navegación comercial.

Turquía intenta impulsar medidas para evitar que el mar Negro se convierta en otro frente de mayor intensidad.

El problema es que Rusia y Ucrania están atacando infraestructura relacionada con las exportaciones de petróleo, cereales y otros productos.

Así, una guerra que comenzó fundamentalmente como una confrontación terrestre se ha convertido también en una batalla por:

el aire, la energía, los puertos, el combustible, los datos y las rutas comerciales.

¿HACIA DÓNDE VA ESTA ESCALADA?

El escenario actual plantea varias consecuencias.

La primera es una mayor presión sobre las defensas aéreas ucranianas.

La segunda es una posible expansión de los ataques ucranianos contra infraestructura dentro de Rusia, especialmente instalaciones vinculadas con energía, transporte, industria y tecnología.

La tercera es una carrera acelerada por producir drones e interceptores a gran escala.

Y la cuarta es que Europa tendrá que decidir cuánto puede aumentar su producción y entrega de sistemas de defensa sin comprometer sus propias reservas.

Mientras tanto, la población civil continúa pagando el precio de esta escalada.

Kyiv vuelve a ser atacada.

Otras ciudades ucranianas también están sufriendo bombardeos.

Y dentro de Rusia aparecen cada vez más señales de que la guerra también está afectando infraestructura situada lejos del frente.

UNA GUERRA QUE YA NO TIENE UN FRENTE ÚNICO

Lo más importante de estos ataques quizá no sea solamente el número de drones.

Son 142 drones rusos sobre Ucrania, según Kyiv.

Son 399 drones ucranianos supuestamente interceptados, según Moscú.

Pero detrás de esas cifras hay una transformación mucho mayor.

La línea del frente ya no define por completo dónde se libra la guerra.

Una refinería puede convertirse en objetivo.

Un puerto puede convertirse en objetivo.

Una central eléctrica puede convertirse en objetivo.

Un puente puede convertirse en objetivo.

Y ahora incluso un centro de datos puede quedar atrapado en el conflicto.

La guerra de Ucrania está entrando así en una fase en la que la capacidad de producción, la inteligencia artificial, la defensa aérea y la infraestructura crítica pueden ser tan importantes como los tanques y la artillería.

Y mientras ambos países aumentan la cantidad y sofisticación de sus drones, queda una pregunta fundamental:

¿estamos viendo simplemente otra escalada de la guerra o el comienzo de una nueva etapa en la que la capacidad industrial para fabricar y destruir drones será uno de los factores decisivos del conflicto?

Por ahora, lo único evidente es que la guerra aérea no está disminuyendo.

Está creciendo.

Y cada nueva noche de ataques demuestra que el cielo sobre Ucrania —y cada vez más sobre Rusia— se ha convertido en uno de los principales campos de batalla.

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