Una investigación presentada durante la XI Semana de la Energía coloca a República Dominicana por encima de Argentina, Brasil, Colombia, México y Uruguay en pérdidas eléctricas. Los datos oficiales nacionales, sin embargo, muestran un desafío todavía mayor cuando se mide el total de pérdidas de las distribuidoras.

SANTO DOMINGO.— República Dominicana figura entre los países latinoamericanos con mayores pérdidas de energía eléctrica, según un estudio presentado por la Asociación de Distribuidoras de Energía Eléctrica Latinoamericanas (Adelat), que sitúa el indicador dominicano en un 30 %.
La investigación fue presentada por Alessandra Amaral, presidenta de Adelat, durante la XI Semana de la Energía, y forma parte del estudio Recuperando energía: innovación y estrategias para la gestión de pérdidas no técnicas en América Latina y el Caribe.
De acuerdo con los datos publicados por Diario Libre, la investigación recoge información general de 14 países de la región, aunque dispone de estadísticas comparables sobre pérdidas eléctricas para siete, incluida República Dominicana. <Link url=”https://www.diariolibre.com/economia/energia/2026/10/09/rd-entre-paises-de-america-latina-con-mayores-perdidas-de-energia/3682561” title=”Fuente: Diario Libre”/>.
RD supera a varios países de la región
La comparación presentada en el estudio refleja diferencias importantes entre los países analizados. Mientras República Dominicana registra un 30 %, Argentina presenta niveles de entre 15 % y 18 %, Brasil un 14 %, Colombia entre 8 % y 10 %, México un 10.5 % y Uruguay un 15 %. Ecuador, por su parte, registra un 15.6 %.
Estas cifras colocan al país en una posición desfavorable dentro de la muestra, aunque la propia investigación advierte que las comparaciones deben tomar en cuenta las particularidades de cada territorio, las condiciones económicas y sociales y las características de las redes de distribución.
Amaral evitó establecer un porcentaje universal que pueda considerarse aceptable para todas las distribuidoras, al señalar que cada sistema eléctrico debe evaluarse de acuerdo con sus circunstancias.
La investigación también plantea que el problema no se resuelve con una sola medida, sino mediante una combinación de mejoras técnicas, controles comerciales, mecanismos de fiscalización e inversiones sostenidas.
Una diferencia importante: el 30 % del estudio y las pérdidas totales del sistema dominicano
El dato regional del 30 % debe interpretarse con cuidado, porque no necesariamente equivale al indicador de pérdidas totales que utilizan las autoridades dominicanas para evaluar el desempeño de las empresas distribuidoras.
Un informe publicado en septiembre por Diario Libre, basado en datos del Ministerio de Energía y Minas, situó las pérdidas promedio de las empresas distribuidoras de electricidad (EDE) en un 39.1 % durante el primer semestre de 2026. <Link url=”https://www.diariolibre.com/economia/energia/2026/09/08/las-perdidas-de-las-ede-escalan-hasta-el-39-/3651860” title=”Consultar informe nacional”/>.
La diferencia no significa necesariamente que una de las cifras sea incorrecta. Puede responder a que se están midiendo componentes distintos de las pérdidas o utilizando metodologías diferentes. Por eso, para establecer una comparación rigurosa entre países, es necesario verificar qué incluye cada indicador y cómo fue calculado.
En términos sencillos, las pérdidas técnicas se producen por fenómenos físicos durante el transporte y la distribución de electricidad, como la resistencia de los conductores y las condiciones de las redes. Las pérdidas no técnicas, en cambio, pueden incluir energía consumida que no se registra o factura correctamente, conexiones irregulares, manipulación de medidores y fallos en los procesos comerciales.
También hay que distinguir entre la energía que no llega a facturarse y aquella que sí se factura, pero cuyo pago no se recupera. Estas diferencias son importantes para conocer el origen del problema y diseñar soluciones efectivas.

El impacto económico: electricidad que no se convierte en ingresos
Las pérdidas representan uno de los principales desafíos financieros del sistema eléctrico dominicano. Las distribuidoras compran energía para abastecer a sus clientes, pero no toda esa electricidad se traduce en ingresos recuperados.
Cuando una parte significativa de la energía adquirida no se factura o no se cobra, las empresas enfrentan mayores dificultades para cubrir sus gastos operativos, pagar la energía comprada e invertir en la modernización de sus redes.
El problema también tiene consecuencias para las finanzas públicas. Según los datos difundidos en septiembre, el Gobierno destinó RD$68,744 millones al subsidio eléctrico durante el primer semestre de 2026, un incremento de 37.9 % respecto al mismo período del año anterior. <Link url=”https://www.diariolibre.com/economia/energia/2026/09/08/las-perdidas-de-las-ede-escalan-hasta-el-39-/3651860” title=”Detalles del subsidio eléctrico”/>.
Estos recursos contribuyen a sostener el funcionamiento del sistema, pero también representan dinero público que debe distribuirse entre distintas necesidades nacionales. Por ello, reducir las pérdidas constituye un desafío tanto para las empresas eléctricas como para la política fiscal.
Las medidas que propone el estudio
La investigación de Adelat recomienda fortalecer los mecanismos de cálculo y seguimiento de las pérdidas, diferenciando claramente las causas técnicas de las no técnicas y utilizando criterios uniformes que permitan comparar resultados a lo largo del tiempo.
También plantea mejorar la calidad de los datos de medición, facturación y cobro, incorporar verificaciones cruzadas y realizar auditorías selectivas que permitan identificar dónde se pierde la energía y por qué.
Otra recomendación es establecer incentivos y mecanismos sancionadores más claros para que las distribuidoras tengan objetivos verificables de reducción de pérdidas. El estudio también propone una mayor coordinación entre la Superintendencia de Electricidad, la Procuraduría General Adjunta para el Sistema Eléctrico y las empresas distribuidoras, con el propósito de detectar, investigar y perseguir el fraude eléctrico.
La aplicación de estas medidas exigiría combinar inversiones tecnológicas con controles efectivos y una gestión comercial más rigurosa. Modernizar las redes, mejorar los medidores y corregir errores de facturación puede contribuir a reducir las pérdidas, pero sus resultados dependerán de la ejecución y del seguimiento de cada iniciativa.

¿Quién termina pagando las ineficiencias?
La persistencia de las pérdidas plantea una cuestión central para los consumidores y los contribuyentes: cómo financiar un sistema eléctrico que necesita inversiones continuas, pero que enfrenta dificultades para convertir toda la energía adquirida en ingresos.
Si las pérdidas permanecen elevadas, las distribuidoras seguirán bajo presión financiera y el Estado podría verse obligado a mantener importantes aportes para sostener el servicio. Si se reducen de manera sostenida, las empresas podrían mejorar su capacidad de pago y disponer de más recursos para fortalecer las redes.
Sin embargo, la solución no consiste únicamente en perseguir conexiones ilegales. También requiere corregir deficiencias técnicas, mejorar la gestión de las empresas, transparentar los indicadores y garantizar que los usuarios reciban una facturación acorde con su consumo real.
El estudio regional coloca nuevamente sobre la mesa una de las principales debilidades del sector eléctrico dominicano. El reto ahora es transformar las cifras en resultados verificables: menos energía perdida, mayor eficiencia operativa y una reducción de la presión financiera que soportan las distribuidoras y las cuentas públicas.
La comparación internacional sirve como advertencia, pero el verdadero cambio se medirá dentro del país: cuando las pérdidas comiencen a disminuir de forma sostenida y esa mejora se refleje en las finanzas del sistema eléctrico.
